Pediste presupuesto para tu página web en tres lugares distintos y volviste con tres respuestas parecidas: «depende», «pasame más información» y un formulario eterno. Ninguno te dijo un número. Es una de las cosas más molestas de todo el rubro, y no pasa por casualidad. Acá vas a encontrar los precios reales, en pesos, y sobre todo vas a entender de qué depende que una web te salga $200.000 o $2.000.000.
Por qué nadie te da un precio
Hay dos motivos y conviene conocer los dos. El primero es legítimo: el precio de una web depende de verdad de lo que necesites. No es lo mismo una página para que te reserven una mesa que un sitio con catálogo, turnos y panel de administración. El segundo motivo es menos noble. Si te tiran un número antes de saber cuánto estás dispuesto a gastar, pierden margen para acomodar después el presupuesto a tu bolsillo. Por eso muchos prefieren la charla larga antes que la cifra. El problema es que esa opacidad la pagás vos, en semanas comparando cosas que no son comparables.
Qué estás pagando realmente
Cuando ponés lado a lado dos presupuestos que dicen «página web», a veces estás comparando cosas que no se parecen en nada. Una web de plantilla armada en una tarde y una página diseñada a medida para tu negocio cuestan distinto porque son distintas. Lo que pagás no es «una web»: son las decisiones que alguien tomó por vos. Que el texto diga lo justo para que te escriban. Que cargue rápido en el celular, que es donde te van a mirar. Que quien entra entienda en cinco segundos qué hacés y cómo contactarte. Eso es criterio y diseño, no una plantilla con tu logo pegado encima.
Un ejemplo concreto: dos parrillas con la misma idea de web. La que tarda ocho segundos en cargar pierde a la mitad de la gente antes de que aparezca el menú; la que carga en uno, no. Eso no figura en ningún presupuesto, pero se nota en cuánta gente termina reservando. Por eso, muchas veces, el más barato termina siendo el más caro.
Los tres rangos que vas a encontrar
En Argentina, hoy, vas a ver tres rangos bastante marcados.
El rango bajo va de gratis a unos $150.000. Son plantillas de Wix, un WordPress que armás vos o un conocido, o herramientas para hacértela solo. Sirven para un hobby o para salir del paso. Se nota que son plantillas y difícilmente te diferencien de la competencia de la esquina.
El rango medio va de $300.000 a $800.000, más o menos. Acá entra el freelancer con oficio y el estudio boutique: diseño a medida, una o varias secciones, pensado para tu negocio puntual. Es donde debería mirar la mayoría de los comercios, gastronómicos y profesionales que arrancan en serio.
El rango alto arranca en $1.500.000 y no tiene techo. Agencia tradicional, sitio de muchas páginas, sistemas a medida y, casi siempre, un abono mensual encima. Tiene todo el sentido para una empresa con estructura. No tanto para una parrilla que lo que quiere es llenar el salón el fin de semana.
Y ojo con lo que no aparece en el número grande. El dominio, el hosting y el mantenimiento suelen cotizarse aparte, y un abono mensual que parece chiquito se vuelve varios cientos de miles al año. Cuando compares, preguntá siempre qué es pago único y qué es por mes: dos presupuestos con el mismo precio de entrada pueden terminar costando muy distinto a los doce meses.
Qué cobra Áureo y por qué
Nosotros publicamos los precios, que en este rubro ya es raro de por sí. Presencia sale $390.000, pago único: una landing de una sección, diseñada a medida y optimizada para el celular. Marca sale $690.000, también pago único, y es el plan que más se elige: una landing completa de varias secciones más un video vertical de la marca. Negocio se cotiza a medida cuando hace falta ir más lejos: visibilidad en Google, dominio propio y una sección de administración para manejar el día a día. Podés ver qué incluye cada uno en nuestra página de precios.
¿Por qué podemos cobrar esto y entregar en 48 a 72 horas? Porque usamos IA para lo que la IA hace bien y dejamos el criterio de diseño en manos de personas. Esa combinación baja el costo y el tiempo sin bajar la calidad. No es magia: es sacarle las horas muertas al proceso y cobrarte solo lo que aporta.
Ya sabés lo que tenés que preguntar. Sea quien sea que elijas, pedí el precio de entrada y que te expliquen qué entra y qué no; vas a ahorrar tiempo y evitarte sorpresas. Y si querés comparar contra algo concreto, los nuestros están a la vista, sin formulario de por medio.